Todos los días son lunes



Este proyecto es una reflexión en torno al uso del espacio interior durante el periodo de contingencia. Por medio del mapeo continuo del desplazamiento del cuerpo de la artista dentro de la casa, que ya no es únicamente el lugar de resguardo, sino el espacio que condensa la parsimonia, el hastío, la repetición y a donde se ha trasladado el modo de producción al mismo tiempo, la serie produce una representación diaria que muestra la intensidad de los recorridos constantes al interior de la casa y marca la frecuencia de uso de ciertos lugares específicos.

Siguiendo a Karmy Bolton, haber convertido el hogar en oficina, aula académica y guardería, además del lugar donde secundariamente se come, se duerme y se convive familiarmente entre alguna obligación laboral y otra, la casa se ha vuelto un espacio en el que el tiempo capitalista toma nuestras intimidades, impidiendo toda posibilidad de habitarla.

Así, nuestros cuerpos y nuestras rutinas nos pertenecen cada vez menos, para encarnar la actividad productiva en repeticiones lejanas a la voluntad o al uso que pretendíamos darle a nuestros espacios privados.

Esta pieza muestra un ejercicio que me permite hacer visibles los espacios que he cedido, los territorios perdidos durante el último año. En mi trabajo, los lunes solían ser el día más tedioso. Con el entorno laboral traslado al espacio íntimo ahora todos los días son lunes. Quedarse en casa ya nada tiene que ver con habitarla. Mi casa ya no es mi casa, se ha convertido en espacio de producción. 





Everyday feels like Monday



This project is a reflection on the use of interior space during the period of contingency. Through continuous mapping of the artist's movements within the home, which is no longer just a place of shelter but a space that condenses lethargy, weariness, and repetition, and where the mode of production has also shifted, the series creates a daily representation that shows the intensity of constant movements within the house and marks the frequency of use of certain specific places.

Following Karmy Bolton's idea of transforming the home into an office, academic classroom, and nursery, as well as a place where meals are secondary, sleep occurs, and family life coexists alongside work obligations, the home has become a space where capitalist time takes over our intimacies, preventing any possibility of truly inhabiting it.

Thus, our bodies and routines increasingly belong to us less, embodying productive activity in repetitions distant from our will or the intended use we wanted to give our private spaces.

This piece shows an exercise that allows me to make visible the spaces I have relinquished, the territories lost during the past year. In my work, Mondays used to be the most tedious day. With the work environment transferred to an intimate space, now every day feels like Monday. Staying at home no longer has anything to do with inhabiting it. My home is no longer my home; it has become a space of production.